La Danza por la Vida: Un tema de ritmo y movimiento (2ª parte)

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Por: Lucía Blanco

Como mencioné anteriormente la Biodanza, es un sistema, cuyos elementos aislados son siete, a los que se les llama poderes de transformación y que en su conjunto generan, entre otros efectos,  una regeneración de la memoria celular, lo que nos lleva a conectarnos con la propia felicidad.

Si bien, danzar la vida opera desde los siete poderes de transformación; en esta entrega, hablaré de los primeros tres:

La música: la música es un puente que permite conectar e integrar el cuerpo, la mente, el corazón y el espíritu. Hay estudios que demuestran que la música estimula y activa el cerebro, lo que permite, entre otras cosas, cambiar nuestro estado de ánimo. En Biodanza, se hace para generar uno de alegría, afectividad y sensibilidad hacia uno, y los demás. De una forma u otra, esto genera sinapsis diferentes en el cerebro y a su vez, con estas conexiones “involuntarias” entre otros químicos, permite la producción de los dos principales neurotransmisores del cerebro: la dopamina y la serotonina. Siendo la primera responsable de nuestro placer, éxtasis, satisfacción, celebración de logros y la segunda ayuda a regular el apetito, el ciclo del sueño, inhibe la violencia y reprime el dolor.

La danza integradora: La Biodanza, en sí misma, es una Gestalt, un todo, en donde se integran la música, el movimiento y la vivencia. Las emociones están en el cuerpo, al mover el cuerpo, se mueven las emociones. Rolando Toro[1] (2009), decía que al danzar nos permitimos ser nosotros mismos. Por sí misma, la danza, fortalece nuestra identidad.

La vivencia: Toro decía que cada vivencia que hemos tenido deja una huella en nuestras células y cuándo ésta no fue grata, o su recuerdo genera dolor; dado que fue una vivencia lo que la generó; sólo otra vivencia puede resignificarla; una nutricia, positiva y de calificación; así es que uno de los poderes de los que se vale la Biodanza es justamente: el poder de la vivencia. Toro, define la vivencia como: “una experiencia vivida con gran intensidad en un lapso que transcurre aquí y ahora, que nos comunica un contenido preciso de sensaciones y percepciones”.  De hecho, la metodología de la Biodanza, es precisamente la vivencia. La Biodanza, no se puede platicar, es necesario experimentarla y vivirla, para sentir su poder transformador.

Hasta aquí la entrega de este mes, hago una pausa en los siete poderes, para en la siguiente aportación hablar de los 4 poderes restantes de este sistema de vida: las caricias, el trance y la regresión, la expresión de la consciencia y el poder del grupo.

[1]  Toro, R. (2009); Biodanza, Chile: Ed. Indigo, cuarto propio

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