¿A mayor inteligencia, menos amistades?

En un amplio estudio publicado este año en la revista British Journal of Psychology, dos académicos llegaron a la conclusión de que las personas con mayor inteligencia son más felices con menos amigos y con una frecuencia menor de socialización, ya que disfrutan enormemente estando solos haciendo sus propias actividades, contrario a lo que sucede con la mayoría de la gente, quienes obtienen mayor satisfacción al frecuentar a más amistades.

Basados en una encuesta que abarcó 15 mil entrevistados, los investigadores Satoshi Kanazawa, de la London School of Economics, y Norman Li, de la Universidad de Administración de Singapur, analizaron cómo la inteligencia, la densidad poblacional y la amistad afectan nuestra felicidad en la modernidad. Los autores también hallaron que, a diferencia de lo que experimenta la mayoría de la gente, las personas más inteligentes se sienten más cómodas en ciudades con alta densidad poblacional.

Tratando de aplicar los preceptos de la Psicología Evolutiva (también conocida como Psicología del Desarrollo Humano) para resolver este asunto, Kanazawa y Li propusieron la Teoría de la Felicidad de la Sabana, la cual sugiere que la satisfacción en la vida de los individuos es afectada no sólo por las consecuencias actuales, sino por consecuencias primitivas, hipótesis que explica también por qué las influencias ancestrales estarían interactuando actualmente con la inteligencia. La premisa central de ambos estudiosos es que el cerebro humano evolucionó para cubrir las necesidades de nuestro medio ambiente ancestral en la sabana africana, donde la densidad de población era similar a menos de una persona por cuadrado kilómetro. Sin embargo, en la grandes ciudad modernas, la fricción evolutiva es evidente.

"Nuestros ancestros vivían como cazadores-recolectores en pequeños grupos de unos 150 individuos. En ese ambiente, tener contacto frecuente con amigos para toda la vida y aliados era probablemente necesario para la supervivencia y reproducción de ambos sexos", explican Kanazawa y Li. Esta lógica ancestral prevalece en la mayoría de las personas en la actualidad, por lo que estar en contacto frecuente con amigos es satisfactorio y parte esencial de la existencia. Pero no es el caso para las personas con mayor capacidad intelectual, cuyos cerebros habrían evolucionado hacia una mejor adaptación a su entorno, acoplándose mejor y más rápidamente a los avances culturales y tecnológicos.

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